La tregua

Capítulo IV

Saurio continuaba en su empeño de engatusar a Paca mientras degustaba un refrigerio que ésta le preparó con cortesía.

Paca-No te pongas así, lagarto malafollá, tienes poder, dinero y posición suficiente para que te amen, te mimen y te peloteen sin merecerlo, así que no me llores y no te me pongas melodramático.

Saurio-El queso está muy rico con el Cortesía, pienso recomendarlo como alimento draconiano en la lagartopedia.

Paca-Son productos elaborados en la comarca con procedimientos artesanos.

Saurio-¿Conoces a un individuo al que llaman el Petrarquista?

Paca-¡Ah!, sí, uno que vende cancioneros de la edad de piedra, ¡ja ja ja!

Saurio-No te rías bellaca, esa poesía es única y tengo que conseguirla para poder conquistarte.

Paca-Pues no está en tu bando, es amigo del Mago Goma, paso bastante de tu poesía reptiliana y no voy a ser tan pava de decirte donde se halla el Petrarquista.

Saurio-Me lo pones cada vez más dificil y mi paciencia tiene un límite.

Paca-¡Rápido gecko dantesco, vete !, veo al Mago Zopenco despertar desde esta ventanilla, no quiero pelea por mi noble causa de doncella agobiada por un reptiloide infame.

Debido al rechazo de Paca el saurio bajaba las escaleras del castillo de la doncella campesina sollozando. Una enorme rata voladora que el reptiliano usaba de cabalgadura lo esperaba para llevarlo de regreso a su cueva mágica. Agarrando su cuello con ternura y sentado en la silla de montar, la bestia voladora lo elevaba expulsando una enorme llamarada que calcinó el pequeño perímetro desde donde despegó. Muchos fueron quienes contemplaron y confundieron el despegue de la bestia voladora con un avión Harrier de esos modernos.

Saurio-Vamos a casa hipogrillo, que pareces un aguilucho, tú eres el único que nunca me falla, pues triste y desgraciado me siento ahora al ser correspondido con odio y burla por quien más amo.

Los cielos grises de la sierra presagiaban aquella tarde una batalla despiadada entre el saurio y los amigos de Paca, pero no una lucha tradicional de daño al adversario con armamento físico, sino una despiadada lucha de los poderes mágicos del universo contra la oscura maldad de un draconiano abatido por el rechazo y la indiferencia. Conforme la bestia voladora iba acercándose a la entrada de la guarida reptiloide, el saurio comprobaba enfurecido el espectáculo dantesco de sus repugnantes ratas guardianas abatidas por el Mago Goma y sus amigos. Nosotros permanecimos todo el tiempo escondidos junto a la nave por recomendación directa del mago. Era una lucha de poderes sobrenaturales en la que siempre perderíamos sin posibilidad de defensa. El saurio sabía que no tenía nada que hacer con el Mago Goma y la Bruja Buena juntos. Así pues, decidió pactar una tregua aunque tuviera que ceder a las pretensiones de sus enemigos. La maquinaria perversa y calculadora del saurio había comenzado a funcionar para conseguir maquiavélicos propósitos.

Mago Goma-¡Atentos, llega el lagarto!

Saurio-¡Escucha Mago, me dirijo a tí porque se que tú repartes el bacalao!

Mago Goma-¿Qué quieres, rendirte?

Saurio-No me subestimes, no tienes ni idea de lo que guardo en mi cueva y de quien puede venir en mi ayuda al instante con solo desearlo.

Bruja Buena-¡Seguro que es el mismísimo diablo!, ¡Devuélvenos ipso facto a la Mujer Ballena sana y salva, lacertilio pringoso!

Saurio-¡Tranquila Bruja Pava, primero una tregua entre caballeros, tú vete a fregar!

Mago Goma-¿Qué propones?

Saurio-No os acercaréis a este lugar hasta el próximo equinoccio en el que el día y la noche tendrán la misma duración, entonces os entregaré viva y coleando a la Mujer Ballena.

Bruja Buena-¡Miente, Mago, intenta ganar tiempo, creo que la Mujer Ballena está sufriendo!

Saurio-La mujer ballena está bien, no os preocupéis, pero tendrá que terminar el ciclo biológico de un gusano de seda.

Mago Goma-¿A que te refieres?

Saurio-Mis gusanos de seda desarrollan sus órganos en la crisálida y van aumentando su tamaño para finalmente realizar la metamorfosis y llegar a la edad adulta en el equinoccio.

Bruja Buena-¡Seguro que se convierte por tu culpa en una polilla nocturna horrorosa!

Saurio-Tranquila, Bruja Pava, seguirá teniendo su aspecto actual pero con dos hermosas alas de mariposa monarca.

Bruja Buena-No vuelvas a llamarme nunca más Bruja Pava, ¡Saurópsido mico!

Saurio-Y tu no vuelvas a cogerle el rabo a mis criaturas voladoras, ¡Bruja gallipava!

Mago Goma-¡Espero que cumplas tu palabra y la Mujer Ballena esté bien!

Saurio-Y yo espero que os marchéis ya de mis dominios, habéis viciado el aire que respiro.

A-Creo que ya es hora de marcharnos.

P-La nave se ha autoreparado, Mago.

F-Parece tener voluntad propia.

Mago Goma-Y la tiene, la MGST es una nave mágica.

5-¡Me pillo el asiento del copiloto!

Saurio Volando

Esa misma noche, Saurio encomendó a su sirviente de confianza, una iguana cachas, que cuidara la fase larvaria de la Mujer Ballena como a su vida, pues iba a seguir siendo útil a sus propósitos durante mucho tiempo. Aunque el saurio mandaba en su hogar, la maldad reinaba en todos los rincones y en todas las criaturas que convivían en su cueva draconiana. Nadie se respetaba, todos se odiaban y era rara la noche que no perecía alguna repugnante criatura abatida en un duelo a bocaos. Saurio advirtió a la iguana que fuera diligente en el cuidado de la crisálida humana o sería castigado cruelmente. Tras esta advertencia partió en su rata voladora hacia el hogar de Petrarquista en Soportújar. La noche facilitaba al saurio su tarea, pues era cuando más activos se mostraban sus poderes y habilidades por lo que no tuvo dificultad en averiguar el domicilio del petrarquista gracias a su GPS mágico. Petrarquista, como buen poeta, había presentido el poder de Saurio y lo estaba esperando disfrutando de una espectacular noche de luminosas estrellas y luna llena.

Saurio-Hola Petrarquista, he oido mucho hablar de ti y tenía ganas de conocerte.

Petrarquista-Claro que si, sabía que venías, no tengo nada que tu no poseas.

Saurio-Quiero que me vendas tu poesía petrarquista

Petrarquista-No está en venta, además, ¿para qué la quieres?, ¿a quien quieres enamorar con ese careto?

Saurio-No te burles de mí, poeta pastoso, tu poesía, aburrida y pesada, es mágica y cautivadora y necesito cautivar a Paca.

Petrarquista-Vaya verraquera que te ha entrado con Paca, no se habla de otra cosa en la comarca, ¿no hay más lagartas por ahí a quien enamorar?

Saurio-Paca no quiere ser lagarta, pero yo la amo.

Petrarquista-Se que la amas, si no el populacho no estaría cantando las canciones que compuse sobre el tema como Paca, ven pacá o No quiero ser lagarta.

Saurio-Está claro que me comprendes y sabes que mis sentimientos hacia Paca son verdaderos, de lo contrario no habrías compuesto nada sobre mis anhelos amorosos.

Petrarquista-Tienes razón, Saurio, pero no pretendas meterte a Paca en el bolsillo siendo tan malaje.


Paca y la bestia