Un poema mágico

Capítulo VI

La Mujer Ballena, algo aturdida, comenzó a desprenderse de la envoltura de fina seda de la que estuvo confeccionado el capullo transparente. Había perdido su musculatura y se sentía, por primera vez en su vida, frágil y vulnerable. Se colocó su montura sin cristales mientras observaba al primer ser vivo tras su metamorfosis, la iguana draconiana. La iguana quería que la mujer ballena lo viera tal y como él era y sin necesidad de alterar su imagen. Por otro lado, a la Mujer Ballena siempre le gustó llevar monturas de gafas sin cristales por estética y para sentirse más intelectual.

Iguana-¿No te impresiona una iguana que habla?

Mujer Ballena-Ya me impresionaste cuando estando en el capullo me cuidabas y me decías esas cosas tan bonitas.

Iguana-¿No sentiste miedo?

Mujer Ballena-Mi primera impresión fue de extrañeza más que de miedo porque feo eres de espanto, vamos.

Iguana-¿Y qué te parece formalizar una relación conmigo?

Mujer Ballena-No se, Saurio debería crear su colonia sin forzar ni imponer nada a nadie.

Iguana-Pero es que los humanos sois muy complicados y necesitáis que un líder os dirija, en el fondo no sois tan diferentes a las colonias de himenópteros si no fuera porque la mayoría de las veces vais a vuestra propia bola y conveniencia.

Llega saurio en su roedor volador

Saurio-¡Vaya, con que confraternizando con los prisioneros!, ¡iguana traidora!

Iguana-Me he enamorado de la mujer ballena con alas de mariposa igual que tú de Paca, ¿que tiene de malo?

Saurio-Ahora mismo llamo al Basilisco para que te meriende bien tostadito.

Mujer Ballena-Mira Saurio, haz el favor de comportarte civilizadamente y no pretendas que todos hagan lo que tú quieres, tienes poder económico infinito para crear tu colonia, voluntariamente quizá venga alguien pero usando la fuerza vendrá nadie.

Iguana-Pues eso, que la haga con nadie

Saurio estaba enfurecido con la iguana rosada y llamó a la criatura oculta en las profundidades de la cueva draconiana. El basilisco no mataba con la mirada, tal y como afirmaban las leyendas urbanas de la comarca, sino por la corrupción del aire que su aliento venenoso provocaba. Tal era el hedor que las flores se marchitaban y las piedras se resquebrajaban. Lo único que podía acabar con esta criatura era el canto del gallo o una comadreja.

Basilisco-¿Me llamabas, Saurio?

Saurio-Si, monstruo, échale el aliento a la iguana, me ha traicionado.

Basilisco-¡Oh!, gran jefe reptiloide, no me pidas eso, la iguana es muy amiga mía y siempre te ha servido con lealtad, solo se ha enamorado de la Mujer Ballena, no te ha traicionado.

Saurio-¿Tú también te has humanizado?, ¡ya no te huele el aliento!, ¡qué pesadilla!

Iguana-¡Ole, la madre que te parió!

Basilisco-A mí no me parieron.

Mujer Ballena-¿Eres un ciborg, un androide, un zombi o algo así?

Basilisco-Soy un ser vivo que nació del huevo de una gallina empollado por un sapo.

El basilisco flamenco y contento comenzó a cantar lo que había aprendido en sus escapadas nocturnas. Había perdido todo el odio hacia los humanos de la comarca gracias al folclore local. La cueva reptiliana ya no estaba custodiada pues se había pactado una tregua. La actuación de Basilisco fue interrumpida por el sonido del timbre, una especie de campanillas sonando al unísono. Saurio abrió la puerta.

Saurio-¡Paca, tú aquí, qué ilusión amor mío!

Paca-No te hagas ilusiones ni te decepciones, Saurio, no vengo a ceder a tus pretensiones.

Saurio-¡Pero has venido!, el embrujo petrarquista está resultando.

Paca-Sí, Saurio, he venido y seguiré viniendo si así lo deseas para tomar un cafe, charlar y poco más.

Saurio-Por algo se empieza, querida Paca.

Paca-En mi caso no pretendas ver en un encuentro esporádico para tomar un café algo más que eso, lo hago por mis amigos y por la paz de la comarca.

Saurio-Los sentimientos amorosos de un lagarto no son tan diferentes a los de un ser humano, o sea, no se puede evitar la ilusión eufórica que despierta la más mínima evidencia de ser correspondido.

Paca-Mira Saurio, han venido cientos de aldeanos para ofrecerse en todo aquello que necesites, no tienes que crear ninguna colonia ni someter a nadie, quieren ser tus amigos y ayudarte, seguramente hay más de una lugareña a la que no le importaría ser tu lagarta lideresa.

Mujer Ballena-Bueno Paca, nosotros nos vamos al castillo, tenemos un montón de cosas que contarnos y lo nuestro si va en serio, ¡vamos, iguana!

Saurio comprendió y aceptó el ofrecimiento de Paca. Unos 20 lugareños (machos y hembras) se quedaron a vivir en la cueva del saurio condicionando su estancia a que no la sellara para no perder su libertad y su derecho de desistimiento. Saurio mandó al abismo de la gruta a todos los monstruos que no necesitaba menos a Hipogrillo, la rata voladora con la que se desplazaba, y a Basilisco, que había perdido su peligrosidad y ganado intelectualidad.

Saurio-Toma, Basilisco, ponle música a este poema petrarquista y se lo cantas a Paca la próxima luna llena.

Basilisco-Así lo haré, gran jefe reptil, pero no hay nada escrito en el papel.

Saurio-Es un poema mágico, se autopensará y escribirá en el próximo plenilunio y entonces podrás musicar sus versos escritos cuando despliegues el pergamino poético.

No serás mía y no seré tuyo

Basilisco flamenco

No temas cuando te mire,

solo miro para amar,

imaginación conduce,

mis deseos son realidad,

aunque esto no sea un soneto y

de petrarquismo no tenga na,

no me salen los de once,

si quieres esto y si no na.

Por tí he cambiado y soy más feliz,

la comarca prospera y mi cueva es pa tí,

tengo oro a espuertas y planes aquí,

me quedo en la tierra para siempre por tí.

Tus amigos ya nada han de temer,

a quien tu quieras también apreciaré,

no serás mía y no seré tuyo,

con todo lo bueno que haya,

habrá que compartir.

En la lagartopedia aprendo y soy tenaz,

me enseñan de todo un poco y nada en profundidad.

Quiero que seas mi maestra y me enseñes a perdonar.

No soy lagarto ni humano,

aunque sí un tipo genial.


Ni mía ni tuyo

Gracias a la valentía de Paca ofreciendo al saurio su amistad, la comarca volvía a la tranquilidad. Esa noche el castillo de la joven y bella labriega se convirtió en un hotel. Nos quedamos todos a dormir. La Mujer Ballena estaba cada vez más prendada de la iguana rosada y sus regalos. EL reptil le había regalado unas joyas exclusivas de Draco que no tenían precio. La Mujer Ballena preguntó a Paca si tenía alguna cosa de su padre para regalar a la iguana pues esa noche iba a haber fiesta. Paca le dió un frasco de Baronetti aftershave que regaló a su padre la última navidad que pasaron juntos y que el bellaco guardó sin tan siquiera abrir, el desagradecido, pues decía que él se afeitaba con jabón lagarto y navaja y que la mejor loción aftershave para él eran los *meaos de burro.

La iguana rosada machote abrió con su machete el bote de Baronetti y como el bote se rompió, para aprovecharlo todo se lo esturreó. El reptiloide y la cetáceo copularon pero el olor a Baronetti les duró una semana. La iguana rosada, gracias al intenso perfume varonil, fue considerada un buen varón, o sea, una iguana juiciosa, docta y experimentada.