La Alhambra

Episodio III

En primer lugar visitamos el castillo rojo, es decir, la Alcazaba. Entramos sin entrar a través de la Puerta de las Armas. Esta era la entrada principal de la ciudad. Visitamos la bonita Torre de la Vela que fue utilizada como morada. En la segunda planta hubo almenas hasta el siglo XVI. La campana era usada para indicar a los granjeros de la Vega las horas de riego para sus campos. Otra de sus utilidades era la de alertar a los habitantes de Granada ante un peligro. Dejamos la fortaleza y continuamos atravesando la Plaza de los Aljibes. Esta plaza era un barranco por lo que la fortaleza estaba aislada de la ciudad de la Alhambra. Bajo la Torre del Cubo había otra torre con escalerillas que conducían a los palacios nazaries.

En la Alhambra

Continuamos hasta llegar a la entrada principal de los palacios. La primera sala, de lo que fue un palacio, que encontramos fue el Mexuar. Al igual que en el período cristiano, los reyes nazaríes los restauraron y modificaron en numerosas ocasiones. En esta sala se hallaba el tribunal. Los bonitos zócalos de azulejos son del siglo XVI, algunos de ellos tienen el emblema de la dinastía nazarí y otros el emblema de los austrias. Cerca de la puerta de acceso al patio del Mexuar, vimos una bonita sala usada para rezar, decorada de yeserías y con bonitas vistas del Albaycín. Fue reformada en 1590 porque estaba muy deteriorada.

La fachada del Palacio de Comares, aunque restaurada en el siglo XIX, es una obra maestra. El Cuarto Dorado también ha sido reformado en numerosas ocasiones. La fuente del centro es una copia de la original. A la entrada del cuarto dorado, los arcos soporados por pilares, podrían ser almohades y estar inspirados en Persépolis. Parece ser que en época nazarí, la gente esperaba aquí la autorización para acceder al Palacio de Comares. El alero tallado en madera es una bonita muestra de la ebanistería hispanomusulmana.

Cruzamos la puerta que conduce al Patio de los Arrayanes y la vista era magnífica. El estanque y la Torre de Comares provocan un bonito efecto geométrico en el agua. El mirto era una planta muy utilizada en los jardines andalusíes. Todas las estaciones brota y desprende un agradable perfume al frotar sus hojas. En 1333 Yusuf I comenzó la construcción de este palacio que su hijo Muhammed V continuará en 1366. Nos dirigimos a la Sala de la Barca y finalmente al salón de embajadores. En esta sala, el sultán recibía a sus colegas para hablar sobre los asuntos politicos del reino. El techo del salón está formado por 8017 piezas en madera de cedro. La perfección en la decoración epigráfica de los muros, puede confundir y hacer creer que se trata de un tapiz.

Seguidamente entramos en el Palacio de los Leones donde se encontraban las estancias privadas del sultán. Aquí, los pilares, el alero tallado en madera, la epigrafía en yeso de los muros, la bonita fuente de los leones y cientos de detalles únicos, convierten a este lugar en la más bella insignia de los palacios nazaríes. Los leones miran hacia todas las esquinas del patio y el agua que discurre proviene de una acequia que recibe el agua del río Darro. Hay cuatro salas: la Sala de Mocárabes, la sala de los Abencerrajes, la sala de los Reyes y la sala de las Dos Hermanas. La Sala de las Dos Hermanas es la más antigua del palacio y una de las más bellas. Es llamada de las dos hermanas por las dos grandes losas de marmol de Mácael que se encuentran en el centro de la misma. La cúpula de mocárabes está realizada con 5416 piezas.

Las Habitaciones del Emperador nos condujeron al Patio de la Reja y de ahí al Patio de Lindaraja. Estas construcciones fueron añadidas en 1526 para adaptar la Alhambra a usos cristianos. Aquí se encuentra la habitación por donde anduvo Washington Irving, uno de los intelectuales que difundieron la imagen de la Alhambra internacionalmente en el siglo XIX con la publicación de su libro Cuentos de la Alhambra.

En la entrada del Palacio del Generalife

Llegamos al Partal, restaurado magistralmente por Torres Balbás, con jardines a partes iguales herederos de las tradiciones andalusí y clásica. La Torre de las Damas y el estanque fueron mandados construir por Muhammad III en 1302, lo que indica que es uno de los más antiguos del área palatina.

Continuamos nuestro recorrido por el Paseo de las Torres y vimos el exterior de la Torre de los picos coronada de almenas, la Torre del Cadí, la Torre de la Cautiva y la Torre de las Infantas.

Atravesando los bonitos Jardines Bajos llegamos al Palacio del Generalife, palacio de verano del Sultán. Aquí se encuentra el Patio de la Acequia, aunténtico jardín andalusí. A continuación pasamos al bonito patio barroco llamado Patio del Ciprés de la Sultana. Por la genuina Escalera del Agua accedimos a los jardines más altos de la Alhambra, terminando nuestra visita al recinto nazarí por el Paseo de las Adelfas, el cual nos condujo a la salida.

Simetria